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blog trans difcil de situar

CRTICA DE LA CRTICA6/4/2005

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CRTICA DE LA CRTICA

Por Kim Prez

NOTA PERSONAL. Para mi Primera Comunin, con siete aos, eleg yo solo una invocacin que deca: "Que yo est en Vos, Seor, y Vos en m".

Pocos aos despus, con nueve o diez, jugando en el suelo con una tartana de lata con su mulo, me di cuenta de que ansiaba encontrar un juguete que fuera Uno y que valiera por todos, para que no se dispersara mi atencin ni mis sentimientos.

Entre los catorce y los diecinueve descubr, delante del espejo, una transexualidad que un notable terico, Lacan, describe como el ansia del Uno antes de toda divisin.

PRESUPUESTO METODOL"GICO

Es posible reconocer que ciertas dimensiones del pensamiento entendido como lo que se piensa, proceden de la realidad del pensamiento mismo, entendido como lo que piensa, que resulta ser una parte de la realidad destinada a la interpretacin de la realidad.

Definir la palabra realidad, en el sentido en que la uso en este texto, antes de seguir: Por realidad quiero decir todo lo que somos y nos envuelve y ms agudamente, lo que nos constituye como sujeto del pensamiento y lo que percibimos como objeto del pensamiento.

Frecuentemente, pensamiento y realidad se han contrapuesto como sujeto y objeto, hasta el punto de examinar las propiedades del pensamiento por un lado y las de la realidad por otro; pero si el pensamiento es una parte de la realidad, algunas de sus propiedades deben remitir a las de la realidad, en general.

No es que la realidad sea pensamiento, segn la formulacin idealista; es, ms sencillamente, que, si el pensamiento es parte de la realidad, ciertas formas con las que empezamos a pensar deben corresponder a las estructuras de la realidad.

Por lo menos damos por supuesta esta correspondencia, hasta el punto de que no somos conscientes de las inferencias que tendra la posibilidad de que correspondan, lo mismo que no solemos ser conscientes del aire que respiramos.

Creo que hay por lo menos dos supuestos o postulados del pensamiento que pueden conmocionarnos al considerar que traducen la realidad:

El primero es que pensamos porque suponemos que pensar tiene sentido; de aqu se infiere que suponemos que la realidad sobre la que pensamos tiene sentido, que no es un conjunto catico.

El segundo es que pensamos tambin suponiendo que la realidad sobre la que pensamos es una, porque si tuviera brechas infranqueables, nuestros pensamientos sobre las distintas partes se dispersaran hasta el infinito; y en cambio, nos obstinamos tenazmente en mantener la unidad y coherencia de nuestro pensamiento.

El postulado del sentido est vinculado a lo que se puede llamar la economa del pensamiento. El pensamiento es un trabajo que se realiza, lo dir con humor involuntario, con medios escasos; requiere un esfuerzo y para realizarlo se tiene que postular que ese esfuerzo tenga sentido, es decir que conduzca a algo que no se tena al principio y que se tiene despus: un conocimiento.

Como hecho de la economa del pensamiento (optimizadora del rendimiento de los medios limitados de que disponemos), ponerse a pensar, realizar el considerable esfuerzo de pensar, postula que este trabajo tenga sentido, porque si no lo tuviere, no valdra la pena realizar ese esfuerzo.

Pero para que el pensamiento tenga sentido, debe postularse tambin que la realidad lo tenga, aunque sea en otra acepcin de la palabra, compatible desde luego con la primera, que se referira a que esta realidad, a menudo dolorosa, conduzca a un estado que tenga sentido lgico para el pensamiento.

Este primer postulado se articula con el segundo mediante la necesidad (previa, tambin postulada) de coherencia; el sentido de la realidad tiene que consistir en que sea coherente en cuanto acomodable a la economa de la voluntad racional humana. Desgranemos esta necesidad lgica en dos partes. En primer lugar, si la realidad fuese incoherente, carecera de sentido pensar sobre ella. Los fragmentos de la realidad se dispersaran y nuestros pensamientos con ellos. Si consideramos que tiene sentido trabajar sobre la realidad pensando, es porque presuponemos que es coherente.

En segundo lugar, si nuestro pensamiento/accin trabaja por acomodar la realidad a nuestra voluntad racional, es porque presuponemos que hay esa posibilidad y por tanto que tiene ese sentido, ms all de sus dificultades, peligros, dolores y contradicciones.

La coherencia que necesariamente tenemos que postular para pensar sobre ella puede llamarse tambin la unidad de la realidad. Unidad que resulta por tanto uno de los dos postulados bsicos para considerar.

Por tanto mi mtodo consiste en observar lo que el pensamiento nos dice de la realidad sobre la que acta; no quiero referirme a lo que los pensamientos nos dicen de sus objetos, sino a lo que el hecho de pensar, que es una parte de la realidad, nos informa sobre el conjunto de la realidad.

No sigo en esta reflexin el estricto canon de los filsofos. El pensamiento humano puede ser crtico, racional y sistemtico o surgir de otras maneras. Cuando encuentro pensamientos tiles para mis propsitos de encontrar sentido y unidad en la realidad, los integro en el texto, sin ms precaucin que llamar a su conjunto pensamiento y no filosofa y a cada uno de sus asertos nocin o intuicin y no concepto.

Me encuentro de pronto que, en nombre del sentido y la unidad del pensamiento y de la realidad, tengo que vincular esta reflexin, por ntima que sea para m, con otra sobre mi experiencia fundamental, ms fuerte y ms sorprendente desde mi niez, cuando me agachaba para constatar que lo que vea cabeza abajo era yo quien lo vea: la de lo que nombro como yo, que mientras est presente, lo contiene todo y, si dejare de estar presente, supongo que correspondera al apagamiento, al alejamiento de todo, a la prdida inslita de esta visin desde un interior donde estoy, todo vuelto exterior, todo cosa, todo fuera, todo objetivo, todo cegado para m, todo perdido. Mundo que se hara o se deshara, pero ajeno, fuera de mi compasin o mi esperanza por los que vinieran, porque yo no estara.

Parte excepcional de la realidad, mi subjetividad, yo misma, parte nica, que nunca se reanudar si desaparece, yo dentro de m, yo vindolo todo desde dentro de m, viendo primero estas paredes de mi ser y desde ellas todo. Dure lo que dure, se mantenga en el tiempo lo que se mantenga, pero desproporcionada, tan pequea fsicamente frente a la magnitud del universo, tan esencial subjetivamente.

Pues no s si el sentido de toda la realidad consiste para m en algo que corresponde con esta pequeez desmesurada que soy yo; al fin y al cabo, alguna vez tendr que clamar yo: "Esto tiene sentido!", as lo espero para que lo tenga para m.

Y la unidad, la coherencia de toda la realidad es que aparece dentro de m aunque, lo reconozco, tambin yo aparezco y tengo que ser explicada dentro de ella. Soy una parte de la realidad que se despliega delante de m, su contempladora u observadora, su contenedora.

En todo caso, no habr sentido ni unidad de la realidad si se prescinde de esta singular palabra: yo.

UNA CRTICA DE LA CRTICA

El pensamiento crtico siempre es dual, porque consiste en establecer una criba entre lo verdadero y lo falso, o lo bueno o lo malo, o incluso lo hermoso y lo feo.

Por tanto, el pensamiento crtico no puede aportar una visin de la unidad; debe de haber otro tipo de pensamiento que permita verla.

Puede contemplar el sentido, en cambio, porque un movimiento con direccin siempre se define dualmente, entre lo que est dentro de esa direccin y lo que est fuera. Por tanto, la crtica tiene que trabajar incansablemente sobre la cuestin de lo que tiene sentido y lo que no la tiene.

Pero si, finalmente, la unidad reabsorbe todas las dualidades que ve la crtica, tambin reabsorber las del sentido y el sinsentido, pues el sentido slo puede conducir a la unidad, a la negacin de la dispersin, a la afirmacin de la coherencia.

Slo tiene sentido lo que es coherente, se puede decir para volver a la fuerza del sentido comn.

Para realizar esta crtica de la crtica, es necesario recordar que se est hablando del pensamiento humano o, lo que es lo mismo, de una necesidad operante en esta realidad viva y hecho asombroso al que llamo yo, y que de continuo pretende unificar con sed de coherencia todas las realidades que ve, que por su estado de ignorancia le parecen dispersas, lo que significa encontrar un sentido de los hechos que llueven incesantemente sobre l y de los actos y opciones con los que se ve obligado a responder.

No es suficiente el pensamiento crtico; no se puede permanecer indefinidamente en su dispersin creciente, en sus dualidades. Con la misma persistencia con que se analiza, es prciso sintetizar, mantener la nocin de la coherencia de lo analizado. No es posible entender la diseccin, sin mantener el recuerdo de la funcionalidad y la belleza del cuerpo vivo.

Tampoco parece muy factible definir lgicamente esa unidad. Puede decirse que "Todo es Uno", pero en esta definicin, en el que el sujeto es la pluralidad o la dispersin de todas las cosas y la unidad es un simple predicado, sugiere lingsticamente la inercia y la indiferencia del "todo vale lo mismo", aunque sea infinitamente. Seguramente es mejor decir "Uno es todo", en la que el sujeto es la unidad y el simple predicado es la pluralidad de todas sus manifestaciones o creaciones.

La distincin lingstica es importante porque un mismo sujeto admite varios predicados, por lo que la unicidad de la unidad est mejor expresada con esta frmula que con la primera. La segunda significara enseguida "todo viene del Uno y vuelve al Uno".

Pero estoy haciendo especulaciones lgicas que suelen dejar un halo de inseguridad y tristeza por la inseguridad. Afortunadamente, en este orden es posible trasladarse al espacio de la experiencia, que confirme los hechos mediante la seguridad de lo vivido.

Estoy hablando a fin de cuentas de dos planos o potencialidades del pensamiento, el dual o relativo de la crtica, que es racional y permite ver la contraposicin entre sentido y sinsentido, coherencia e incoherencia, y el sentimiento de la unidad, que es intuitivo, pero al que no se suele llegar de hecho, sumido como est en las discusiones crticas o contraposiciones dialcticas. Pero a veces llega.

El sentido slo puede estar en lo que colme las ansias que hay en m. S que necesito el Paraso o la Utopa, o todava ms. Lo llamar lo Absoluto, pero puedo llamarlo tambin Perfeccin. Dicho al revs, s experiencialmente que slo algo que fuera absoluto y perfecto colmara las ansias que hay sin duda alguna en m.

Cualquier decepcin humana, cualquier frustracin, es un momento religioso en cuanto nos hace percibir esa sed insaciable. Eso es percibir la necesidad de lo Absoluto o lo Perfecto en nuestras vidas. Nuestras conciencias estn habitualmente desengaadas respecto a las limitadas posibilidades del orden de lo relativo, pero su sed sigue virgen.

Son el amor y el deseo de la belleza, el ansia de la risa inagotable, pero tambin el odio y la violencia que encuentran que todo el dao que puedan hacer es insuficiente para calmarlos, lo que nos hace sentir la necesidad de lo Absoluto, que por serlo, debe de estar ms all del bien y del mal, que son relativos, del gozo o el dolor, en ese orden en el que todo se supera y se excede al que se llama gloria.

Lo Absoluto tiene que ser uno, porque si hubiera cualquier dualidad en l ya no podra ser definido con el nombre de Absoluto y si hubiera varios Absolutos, ninguno de ellos lo sera. Tambin experiencialmente sabemos que nuestra sed slo se puede calmar del todo con algo que sea Todo y lo que llamo Todo tiene que ser Uno.

As se llega del nico sentido que puedo concebir para mi vida, la saciedad absoluta de sus ansias, a la unidad de lo que pudiera saciarlas. Con arreglo al mtodo que vengo siguiendo, si en mi conciencia hay un ansia o una necesidad, presupongo que la realidad de la que forma parte debe poder saciar esa ansia.

No es cuestin de tener fe intelectualmente, creer y esperar no es una cuestin de juicio crtico; tenemos fe y esperamos que se sacie visceralmente; nuestra realidad, tal como estamos hechos, supone la fe y la esperanza, o con otra palabra, la necesidad.

No se puede vivir como si Dios no fuera dado, porque nuestra propia naturaleza nos pide constantemente "Dios, Dios, Dios". Cualquier otra opinin se debe a un equvoco acerca de lo que Dios puede ser.

Por tanto, para establecer ms prcticamente aquello de lo que estoy hablando, conviene darle nombre. Sera la conciencia preexttica (experiencia musical o esttica, en la que todo se reorganiza, experiencia de la luz solar, o del campo estrellado, o de la grandeza del mar, que por eso ha sido llamada sentimiento ocenico, expresin cercana a la de Absoluto o Perfeccin), exttica y supraexttica (tal como la describen fenomnicamente Santa Teresa de Jess y San Juan de la Cruz)

La experiencia mstica es el banco de pruebas constante de esta teora, en el que pasa de la categora de especulacin a la de conocimiento emprico. Hace falta tambin registrar que la experiencia mstica no es slo un estado subjetivo, lo que podra descalificarla como alucinacin de cualquier clase, sino como una situacin objetiva en la que empiezan a funcionar otras leyes de la naturaleza, como la levitacin.

A travs de la elevacin de la consciencia, el sentido del sinsentido es la unidad. En esta afirmacin se pasa del plano de lo relativo al de lo absoluto.

En el conocimiento uno de la realidad una, ya no hay crtica. sta es la crtica de la crtica.

UNA TICA DEDUCIBLE

Una filosofa del sentido y de la unidad debe crear una tica del sentido y la unidad, lo que la diferenciar radicalmente de todo agnosticismo o atesmo que contemple la existencia como un sinsentido (no poco retricamente, Sartre) o como desorganizada y sin unidad.

La unidad en s est eximida de toda legalidad, lo que la hace absoluta, pues en otro caso estara sujeta a un s y un no y por tanto a una divisin; pero los seres humanos, en la medida en que le somos relativos, estamos sometidos a una legalidad que es nuestro sentido y que consiste en existir para ella (s) y en (no) alejarnos, dispersarnos, extraviarnos, perdernos de ese nico sentido.

Debe de haber una nica unidad, una sola forma de unidad de toda la realidad; este enunciado de la unicidad de la unidad lleva al hombre a que su tica est centrada excluyentemente en la conciencia de la unidad que nos sobrepasa; elegir cualquier otro centro de la vida, por alto que parezca, yo misma, lo humano, la propia nacin, una revolucin, no digamos el poder, la fortuna, el placer, es lo que se entiende en lenguaje religioso, por idolatra; filosficamente se podra decir seudocentrismo, pero prefiero utilizar el trmino tradicional, mucho ms descriptivo.

El enunciado de la unicidad de la unidad dibuja en negativo una tica; todo lo que no sea servirla como el centro de la propia existencia es perderse o extraviarse.

Cmo se acta en consecuencia con esa unicidad, que no es de por s slo un concepto, sino una exigencia prctica que descascara de nuestra consciencia todo lo que no sea el servicio a la unidad?

Cmo se subordinan a ella el resto de los intereses, deseos o voluntades?

La respuesta va implcita en la pregunta: mirando siempre a la unidad absoluta y relativizando hacia ello todo lo dems. Con otras palabras, sabiendo que slo lo absoluto puede llenar el corazn del hombre y que todo lo dems que hay en nuestra existencia presenta los lmites de lo que es relativo o tendente hacia l, sin llegar a l.

Me atrevo a dar un paso ms: si la necesidad o tendencia hacia la unidad absoluta es lo que se llama amor (absoluto), el hombre que ve las distintas realidades debe amarlas, como encarriladas hacia esa perfeccin y siempre desencarriladas, porque ese amor expresa su propia necesidad de unidad absoluta.

La idolatra puede definirse como dispersin de la mente. Privado el hombre de su centro, que slo puede ser la unidad, pero necesitado de un centro, lo pone en las ms diversas relatividades, absolutizndolas.

Puede decirse entonces que la idolatra es la esencia de todos los errores humanos. Sentido y unidad son el bien para el hombre, idolatra es el mal, la dispersin, el extravo. La tica que se deduce de la unidad parece volverse consistente y esclarecedora: lo clasifica todo, como debe corresponder a una tica, entre lo bueno y lo malo.

El egocentrismo es malo, porque es una idolatra de s mismo, entendido en la prctica como centro del universo, al que todo debe servir.

Es bastante ridculo que quienes no decidimos ni cundo y cmo llegamos ni cundo o cmo nos vamos nos creamos el centro de la realidad, pero es cierto que pretendemos ponerla a nuestro servicio, que manipulamos a los mismos humanos y que el balance de nuestra felicidad lo hacemos segn como nos haya ido, con un criterio terminantemente personal. Poder, placer y halago sin lmites, no relativizados, no sometidos a otro fin mayor que yo, son las grandes aspiraciones egocntricas.

No estn muy lejos del egocentrismo otras formas de idolatra, como el nacionalismo, que ya ha costado centenares de millones de muertos o el revolucionarismo, que halla su centro en una nebulosa revolucin, cuya cosecha de sangre humana es tambin tan caudalosa como desproporcionada en relacin con los mediocres parasos conseguidos.

Ms sutil y peligrosamente, en otros mbitos, el mismo nombre del Uno (no el Uno, que no se deja usar) es usado idoltricamente, cuando el hombre no se centra realmente en l o no reconoce su dependencia de l, sino que lo manipula para justificar su propios fines egocntricos.

Pero el error de la idolatra consiste en poner todo ello como falso centro en el lugar del verdadero centro y no concederle la valoracin relativa que merece. Quizs slo tenga sentido valorar absolutamente el amor humano o la msica o la verdad, en cuanto que son manifestaciones que nos aproximan al esplendor de la unidad.

Mi ciudad, mi pueblo, mi nacin, mi partido, deben ser valorados relativamente, sin convertirlos en el centro de mi vida, que puede ser slo uno.

ANTROPOLOGA Y POLTICA

Porque si la aoranza del absoluto y del punto en que algo en el ser humano transciende al ser humano, estn en lo ms alto del pensamiento, las consecuencias antropolgicas y polticas son, como se sabe, radicales.

La civilizacin kantiana est basada sobre el supuesto de que la capacidad mayor del hombre es la racionalidad, por lo que las cualidades supremamente respetables deben ser la capacidad crtica y las libertades de pensamiento y de expresin.

Pero el supuesto con que he comenzado estos prrafos hace deducir que son respetables en cuanto expresin de la mente razonadora o dialctica, si bien a su vez deben respetar una consciencia que opera no sobre las distinciones sino sobre las intuiciones, por lo que no es crtica ni criticable, ni tiene que ver con la libertad de pensamiento, porque no depende de nuestra voluntad, ni tampoco con la libertad de expresin, porque se remite a lo indecible (todo lo decible se fundamenta en la distincin)

La consciencia de la unidad, siendo ms humilde puesto que sabe bien que esa percepcin no est en su mano manejarla, llega a ser ms alta y perfecta que la consciencia racional, aunque no niega su propia racionalidad ni los derechos que le competen.

Resulta esencialmente limitada una consciencia humana que no haya aprendido la posibilidad de esa altura, puesto que es desde esa dimensin de arriba desde donde se completa.

La nocin tica que se desprende ms centralmente de este hecho es que el hombre no est hecho para servirse a s mismo, lo que sera servir al vaco, sino servir a ese centro en el que el ser humano es superado.

La idolatra del yo propia de la civilizacin kantiana, en la que slo se exige lo que yo quiero, se cambia por otra concepcin en la que yo sirvo pero a la vez me sirvo ms profundamente.

Pero cmo puedo servir, en la prctica, o qu criterio puede guiarme? No puede ser nada que tenga que ver con mis deseos, por lo que acabo de decir; tiene que ser lo que muestre la gloria de lo que me supera y es ms que yo y esta gloria se alcanza slo en las dimensiones preexttica, exttica y supraexttica de la conciencia.

Las estructuras crticas y racionales deben, por su parte, respetar esta extraa dimensin humana, admitir la posibilidad racional de su realidad dadora de sentido y unificadora y, por lo menos, callar respetuosamente ante ella, dndole un significado nuevo al dictum de Wittgenstein, "de lo que no se puede hablar, ms vale callar"

Frente a la neutralidad despectiva del laicismo actual ("todo lo que no es racional es irracional") hay que reclamar un silencio respetuoso de lo que se ignora, de lo que quienes tienen esa experiencia, dicen que es sobrecogedor, aunque a la vez saben que no est a su alcance transmitirlo a quienes no lo han visto ("lo que no es racional puede ser sobrerracional")

No se trata por tanto de lo evolucionado frente a lo primitivo, sino de lo conocido pero limitado frente a lo que otros insisten en que es desconocido pero ilimitado. Respeto expectante frente a la naturaleza humana.

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