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hello anadertalCmprate un bosque y pirdete.Con el sombrero verde puedo decir : ..." en lugar que la gente pague por nuestro producto, nosotros le pagaremos para que se lo lleve". Con esto hemos provocado, pero la idea se transforma en: "Daremos bonos que valen como dinero para las personas que compran cierta cantidad de producto y con esto comprarn ms". Es decir transformamos la idea provocadora en una lgica que nos puede dar buenos resultados, de eso se trata. Normativo. El azul es fro, y es tambin el color del cielo, que esta por encima de todo. El sombrero azul se ocupa del control y la organizacin del proceso del pensamiento, es decir del uso de los dems sombreros. Como dicotoma podemos decir que la creatividad es limitada por la normatividad, esto es por el control. Pensemos en una rgida escuela militar en donde el oficial le dice al subalterno: "Aqu no se piensa, slo se cumplen las ordenes sin objeciones ni murmuraciones!" .Con el sombrero azul dejamos de pensar en el tema, para pensar en el pensamiento necesario que permite sondear dicho tema. Es decir, con ste sombrero decidimos cul de los otros cinco sombreros usar y nos indica cundo cambiar de sombrero. Me valdr, por lo pronto, de un primer ejemplo. En todos los tiempos se ha querido volver "mejor" al hombre; este propsito era lo que primordialmente se entenda por moral. Mas he aqu que este trmino implica tendencias diametralmente opuestas. Tanto domesticar la bestia humana como "criar" un determinado tipo humano ha sido considerado como "mejoramiento" del hombre; slo estos dos trminos zoolgicos expresan realidades; realidades, es verdad, de las que el "mejorador" tpico, el sacerdote, no sabe nada, no quiere saber nada... Llamar a la domesticacin de un animal su "mejoramiento" suena casi a burla sangrienta. Quien sabe lo que ocurre en los circos de animales, desconfa que en ellos sean "mejoradas" las bestias. Se las debilita, se reduce su peligrosidad, se las convierte por el efecto depresivo del miedo, por dolor, herida y hambre, en bestias morbosas. Pues dicen: lo mismo ocurre con el hombre domesticado, que el sacerdote ha "mejorado". En la temprana Edad Media, en tiempos en que la Iglesia era en efecto primordialmente una especie de zoolgico amaestrado, se cazaban los ejemplares ms hermosos de la "bestia rubia"; se "mejoraba", por ejemplo, a los germanos de noble linaje. Pero tal germano "mejorado", atrado al convento, quedaba reducido a una caricatura de hombre, un ser trunco; convertido en un "pecador", estaba metido en una jaula, recluido entre conceptos terribles... Helo aqu postrado, enfermo, enclenque, fastidiado consigo mismo, lleno de odio a todo lo que seduce de la vida y de recelo hacia todo lo que era todava fuerte y feliz. En una palabra, un "cristiano"... Fisiolgicamente hablando, en la lucha con la bestia, enfermarla puede ser el nico medio de debilitarla. Bien entenda el problema la Iglesia; echando a perder al hombre, lo debilitaba, pretendiendo "mejorarlo"... Consideremos el otro caso de la llamada moral, el de la "cra"; formacin de una determinada raza y tipo. El ejemplo ms grandioso al respecto es la moral india, sancionada como religin por la "Ley de Man". Aqu se propone' la tarea de formar simultneamente nada menos que cuatro razas: una sacerdotal, otra guerrera, otra mercantil y campesina y, por ltimo, una raza destinada a servir, los sudras. En este caso nos encontramos definitivamente entre domadores de fieras; un tipo humano cien veces ms suave y cuerdo, se necesita para concebir siquiera el plan de tal formacin. Respira uno con alivio al pasar de la atmsfera cristiana de hospital y crcel a este mundo ms sano, ms elevado y amplio. Cun pobre y maloliente aparece el "Nuevo Testamento" al lado de Man! Qu significa la oposicin: apolneo-dionisaco, introducida por m en la esttica, valores entendidos como tipos de la embriaguez? La embriaguez apolnea determina ante todo la excitacin de la vista, as que sta adquiere el poder de la visin. El pintor, el plstico y el pico son visionarios por excelencia. En el estado dionisaco, en cambio, se halla excitado y exaltado todo el sistema afectivo, que descarga de una vez todos sus medios de expresin y manifiesta a un tiempo el poder de representacin, reproduccin, transfiguracin y transmutacin, toda clase de mmica e histrionismo. Lo esencial es aqu la facilidad de la metamorfosis, l incapacidad para no reaccionar (en forma parecida al caso, de ciertos histricos que tambin representan cualquier papel que se les indique). Al hombre dionisaco le es imposible no entender sugestin alguna; no pasa por alto ninguna seal del afecto; posee en mximo grado el instinto de comprensin y adivinacin, del mismo modo que posee en mximo grado el arte de la comunicacin. Se mete en cualquier piel, en cualquier afecto; se transforma sin cesar. La msica, tal como hoy la entendemos, tambin es una excitacin y descarga total de los afectos, no obstante ser el residuo de un mundo de expresin mucho ms pleno del afecto, un mero residuum del histrionismo dionisaco. Con objeto de hacer posible la msica como arte particular, se han paralizado un nmero de sentidos, en particular el sentido de ls msculos (por lo menos, relativamente, pues hasta cierto punto todo ritmo habla todava a nuestros msculos), de suerte que el hombre ya no imita y representa directamente todo lo que siente. Sin embargo, tal es el estado dionisaco normal, en todo caso el estado primario, la msica es la especificacin poco a poco alcanzada del mismo a expensas de las facultades inmediatamente afines. El actor, el mimo, el danzarn, el msico y el lrico son ntimamente afines en sus instintos y esencialmente idnticos, aunque poco a poco se hayan especializado y diferenciado entre s, llegando incluso al extremo de la contradiccin. El lrico con quien durante ms tiempo estuvo identificado fue con el msico, el actor, con el danzarn. El arquitecto no representa ni un estado dionisaco ni uno apolneo; en l lo que tiende al arte es el gran acto volitivo, la voluntad que mueve montaas, la embriaguez de la voluntad portentosa. Siempre los hombres ms poderosos han inspirado a los arquitectos; en todos los tiempos el arquitecto ha experimentado la sugestin del poder. La obra de arquitectura, la construccin, debe documentar el orgullo, el triunfo sobre la pesantez, la voluntad de poder; es la arquitectura una especie de elocuencia del poder a travs de las formas, ora persuasiva, y aun insinuante, ora simplemente autoritaria. El mximo sentimiento de poder y seguridad se expresa en aquello que tiene gran estilo. El poder que ya no necesita de pruebas; que desdea agradar; que es tardo en responder; que no sabe de testigos; que vive ajeno al hecho de posibles objeciones; que reposa en s mismo, fatalista, ley entre leyes, habla de s como gran estilo. He ledo la biografa de Thomas Carlyle, esta farsa inconsciente e involuntaria, esta interpretacin heroico-moral de estados disppsicos. Carlyle, un hombre de palabras y actitudes enfticas, un reto forzoso acuciado en todo momento por el anhelo de una fe ardiente y el sentimiento de no estar capacitado para ella (en esto, un romtico tpico!). El anhelo de una fe ardiente no es la prueba de una fe ardiente, sino todo lo contrario. Quien la tiene, puede permitirse el hermoso lujo del escepticismo; es lo suficientemente seguro, slido y firme para ello. Carlyle aturde algo en s por el fortissimo de su veneracin por los hombres de la fe ardiente y por su rabia con los que no son tan ingenuos; precisa el barullo. Una constante y apasionada falta de probidad consigo mismo, he aqu su propium, aquello por lo cual es y seguir siendo interesante. En Inglaterra, por cierto, lo admiran precisamente por su probidad... Y como esto es ingls y los ingleses son el pueblo del cant cien por cien, resulta no slo natural, sino explicable. En el fondo, Carlyle es un ateo ingls que se precia de no serlo. Goethe no fue un acontecimiento alemn, sino un acontecimiento europeo: una grandiosa tentativa de superar al siglo XVIII por el retorno a la Naturaleza, por la elevacin hacia la naturalidad del Renacimiento, una especie de autosuperacin de parte de este siglo. Llev en s los instintos ms fuertes del mismo la sensibilidad emocionada, la idolatra de la Naturaleza, lo antihistrico, lo idealista, lo antirrealista y revolucionario (lo ltimo no es ms que una forma de lo antirrealista). Se vali de la historia, las ciencias naturales, la antigedad y tambin de Spinoza, sobre todo de la actividad prctica; se cerc con horizontes cerrados; no se deslig de la vida, sino que se situ dentro de ella; no se arredr y carg con todo lo que poda, coloc por encima de s todo lo que poda, absorbi todo lo que poda. Aspir a la totalidad; combati la separacin de la razn, la sensualidad, el sentimiento y la voluntad (predicada con la ms repelente escolstica por Kant, el antpoda de Goethe) ; a fuerza de disciplina hizo de s un todo; se plasm a s mismo... En plena poca de corrientes antirrealistas, Goethe fue un realista convencido deca s a todo lo que en este punto acusaba afinidad con l; su experiencia ms grande fue ese ens realissimum de nombre Napolen. Concibi Goethe a un hombre fuerte, muy culto, diestro en todas las actividades fsicas, dueo de s mismo, reverente ante s mismo, que tiene derecho a permitirse todo el volumen y riqueza de la naturalidad; que es lo suficientemente fuerte para disfrutar de libertad semejante; al hombre de la tolerancia, no por debilidad, sino por fuerza, porque sabe sacar provecho aun de aquello que significara la ruina del hombre comn; al hombre para el que ya no hay nada prohibido, como no sea la debilidad, se llame vicio o virtud... Tal espritu libertado se sita dentro de los cosmos con un fatalismo sereno y confiado, posedo por la idea de que slo lo particular es ruin y malo y que en el Todo se redimen y Afirman todas las cosas; ya no niega... Mas tal fe es la ms elevada) que pueda concebirse; la he bautizado con el nombre de Dionisos. Pudiera decirse que en cierto sentido el siglo XIX tambin ha aspirado a todo aquello a que aspir Goethe como persona: a la universalidad en la comprensin, en la afirmacin; al estar abierto a todas las cosas; a un realismo audaz, y al respeto reverente por todo lo existente. Cmo el resultado total no es, a pesar de ello, un Goethe, sino el caos, la lamentacin nihilista, un desconcierto extremo, un instinto del cansancio que en la prctica impulsa constantemente a retornar al siglo XVIII (por ejemplo, como romanticismo sensiblero, como altruismo e hipersentimentalismo, como afeminacin en el gusto, como socialismo en la poltica). No es el siglo xix, sobre todo en sus postrimeras, mero siglo xviii robustecido, vulgarizado; esto es, un siglo de dcadence? De modo que Goethe sera para Alemania y para Europa apenas un incidente, un hermoso en vano? Pero a los grandes hombres se los entiende mal si se los enfoca bajo el ngulo mezquino de la utilidad pblica. Que no se sepa sacar provecho de ellos acaso sea propiedad esencial de la grandeza... Goethe es el ltimo alemn que me inspira veneracin; l hubiera sentido tres cosas que yo siento; tambin estamos de acuerdo sobre la "Cruz"... Se me pregunta por qu escribo en alemn, toda vez que en ninguna parte me leen tan mal como en mi patria. Pero quin sabe, en definitiva, si yo deseo ser ledo hoy da? Crear cosas en las que el tiempo trate de hincar el diente; aspirar en la forma, en la sustancia, a una pequea inmortalidad, nunca he sido bastante modesto para exigirme menos. El aforismo y la senten-cia (yo soy el primer alemn que es maestro en este dominio) son las formas de la "eternidad"; ambiciono decir en diez frases lo que otro cualquiera dice en un libro, lo que otro cualquiera no dice en un libro... Para terminar, quiero decir algunas palabras sobre ese mundo al que he buscado accesos y al que he encontrado tal vez un acceso nuevo: el mundo antiguo. Tambin aqu mi gusto, que es acaso lo contrario de un gusto transigente, est lejos de decir s abiertamente; en un plan general, no le agrada decir s, le agrada ms decir no, de preferencia no dice nada... Reza esto para culturas enteras, para los libros antiguos que cuentan en mi vida y los ms famosos no figuran entre ellos. Mi sentido del estilo, del epigrama como estilo, se despert casi instantneamente al contacto con Salustio. No he olvidado el estupor de mi venerado maestro Corssen al tener que dar al peor alumno de su clase de latn la mejor nota; llegu de golpe a la meta. Prieto, severo, con la mxima cantidad de sustancia en el fondo y una fra malicia hacia la "palabra sonora", tambin hacia el "sentimiento sublime"; en esto me adivin a m mismo. Se reconocer en mis escritos, hasta en el Zaratustra, una ambicin muy seria de estilo romano, del "aereperennius" en el estilo. Lo mismo me pas al primer contacto con Horacio. Hasta el da presente ningn poeta me ha deparado ese arrobo artstico que me brindaron las odas horacianas. Lenguas hay en que no puede ni siquiera aspirarse a lo que aqu est alcanzado. Este mosaico de palabras, donde cada palabra, como sonido, lugar y concepto, se desborda irradiando hacia la derecha y la izquierda y por sobre el todo su fuerza; este minimum en volumen y nmero de los signos; este maximum en energa de los signos as logrado-todo esto es romano y, si se quiere darme crdito, aristocrtica por excelencia. Frente a esto, toda la dems poesa aparece como algo demasiado popular-como mera locuacidad lrica...Estar muerto de cansancio.Tercero. Si el movimiento del valor capital y de la plusvala, movimiento que en M y en D es todava comn, slo se desdobla parcialmente (de tal modo que una parte de la plusvala no se gaste como renta) o no se desdobla, en absoluto, se operar en el mismo valor capital una modificacin dentro de su ciclo y antes de que ste finalice. En nuestro ejemplo, el valor del capital productivo era de 422 libras esterlinas. Por tanto, si contina a D-M, supongamos, como 480 o 500 libras esterlinas, recorrer las ltimas fases del ciclo como un valor superior en 58 o en 78 libras esterlinas al valor inicial. Y esto puede ir unido, al mismo tiempo, a un cambio en su proporcin de valor. Barcelona scorts Suponiendo que el capital variable de 100 libras semanalmente invertido produzca una plusvala del 100 por 100 = 100 libras esterlinas, el capital variable de 500 libras invertido en el perodo de rotacin de 5 semanas producir una plusvala de 500 libras; es decir, que la mitad de la jornada de trabajo consistir en plusvala. BCN scorts Primero. En que aqu la circulacin total, con sus dos fases opuestas, abre el ciclo, mientras que en la forma I la circulacin es interrumpida por el proceso de produccin y en la forma II la circulacin total, con sus dos fases complementarias entre s aparece solamente como mediadora del proceso de reproduccin, constituyendo por tanto el movimiento intermedio entre P... P. En D... D´, la forma de circulacin es D - M. . M´ - D´ = D -M- D´. En P... P, es la inversa: M´- D´.- D - M = M -D - M. En M´ - M´ reviste tambin esta ltima forma. BCN Girls Pero, segn el supuesto de que aqu partimos, toda esta produccin anual de oro -por medio de la cual se sustraen constantemente al mercado fuerza de trabajo y materiales de produccin y se aporta constantemente a l dinero adicional -slo repone el dinero desgastado durante el ao, slo sirve, por tanto, para mantener en su plenitud de medio de pago la masa social de dinero que existe constantemente, aunque en proporciones variables, bajo las dos formas de tesoro y de dinero en circulacin. Putas de lujo en Barcelona Pero A. Smith confunde de pronto todo lo que sirve de base a la distincin y se contradice con lo que, unas cuantas lneas antes, le sirvi de punto de partida para toda su investigacin: "Existen dos maneras diferentes de emplear el capital para que rinda al inversionista un ingreso o beneficio", a saber: como capital circulante o como capital fijo. Segn esto, se trata, por tanto, de distintos modos de emplear capitales diversos e independientes entre s, al modo como pueden aplicarse, por ejemplo, los capitales en la industria o en la agricultura. Ahora, en cambio, se nos dice: "Segn las diversas ocupaciones, as son distintas las proporciones de los capitales fijos y circulantes que se emplean en las mismas." El capital fijo y el capital circulante ya no constituyen, ahora, inversiones distintas e independientes de capital, sino distintas porciones del mismo capital productivo, que en distintas esferas de inversin arrojan una parte alcuota distinta del valor global de este capital. Se trata, por tanto, de diferencias que responden a la divisin prctica del mismo capital productivo y que, por consiguiente, slo rigen con respecto a ste. Pero esto se halla en contradiccin, a su vez, con el hecho de que el capital comercial se contraponga, como capital puramente circulante, al capital fijo, pues A. Smith nos dice: "El capital de un mercader es enteramente circulante." Es, en efecto, un capital que slo funciona dentro de la rbita de la circulacin y, como tal, lo opuesto al capital productivo, al capital incorporado al proceso de produccin, razn por la cual no puede enfrentarse como parte circulante del capital productivo a la parte fija de este mismo capital. Madrid Chicas M' aparece desde el primer momento como capital-mercancas, y la finalidad de todo el proceso, el enriquecimiento (la valorizacin), lejos de excluir un consumo del capitalismo que va creciendo a medida que crece la magnitud de la plusvala (y, por tanto, tambin la del capital), lleva implcita esta posibilidad. Escorts independientes valencia La frmula M'-D'-M slo implica para M, en cuanto a su forma, actos de circulacin que son factores de su reproduccin, pero la reproduccin real de M, en la que se convierte M', es necesaria para que la operacin M'-D'-M se efecte; sin embargo, sta se halla condicionada por procesos de reproduccin al margen del proceso de reproduccin del capital individual representado por M. Barcelona clubs de alterne Hablan los "impersonales". "Nada nos es tan fcil como ser sabios, pacientes, superiores y serenos. Chorreamos aceite de indulgencia y simpata; somos de una manera absurda justos; perdonamos todo. Por eso mismo debiramos desarrollar en nosotros de tanto en tanto un pequeo afecto, un pequeo vicio de afecto. Tal vez nos cueste; tal vez nos riamos, entre nosotros, de la figura que encarnamos. Pero no tenemos ms remedio. No nos queda ya ninguna otra forma de autodisciplina; tal es nuestro ascetismo, nuestra penitencia"... Volverse personal, he aqu la virtud del "impersonal"... Chicas de compaa en Huesca Error de una falsa causalidad.-En todos los tiempos se ha credo saber qu cosa es una causa; pero de dnde derivbamos nuestro saber, ms exactamente, nuestra creencia de que sabamos? Del reino de los famosos "hechos interiores", ninguno de los cuales ha sido an corroborado. Nos atribuamos en el acto volitivo un carcter causal; creamos sorprender por lo menos in flagranti la causalidad. Asimismo, no se dudaba de que todos los antecedentes de un acto, sus causas, haban de buscarse en la conciencia y que en sta se lo sencontraba si en ella se los buscaba, como "motivos"; o si no, se habra estado en libertad de cometerlo, no se habra sido responsable por l. Por ltimo, quin iba a negar que el pensamiento fuera el efecto de una causa? Que el yo causara el pensamiento...? De estos tres "hechos interiores", que parecan garantizar la causalidad, el primordial y ms convincente es el de la voluntad como causa; la concepcin de una conciencia ("espritu' como causa v, ms tarde, la del yo ("sujeto") como causa son tan slo concepciones derivadas, una vez que se consideraba dada, como empiria, la causalidad de la voluntad... Desde entonces hemos meditado en forma ms honda y penetrante. Ya no creemos una palabra de todo esto. El "mundo interior" est plagado de espejismos y fuegos fatuos; uno de ellos es la voluntad. sta ya no acciona nada y, por ende, ya no explica nada; no es ms que un fenmeno concomitante que puede faltar. Otro error es el llamado "motivo", que es un mero fenmeno accidental de la conciencia, un corolario del acto que no tanto representa sus antecedentes como los oculta. iY no se diga el yo! ste se ha convertido en fbula, ficcin, juego de palabras; ha cesado por completo de pensar, de sentir y de querer! ... Qu se deduce 'de esto? No hay causas mentales! Toda la presunta empiria al respecto se ha reducido a la nada! He aqu lo que se sigue de esto! Y, sin embargo, habamos abusado a ms no poder de esta "empiria"; en base a ella habamos construido el mundo como un mundo de causas, de voliciones, de espritus. Trabajaba en esto la ms antigua y ms larga sicologa, que en definitiva no haca otra cosa; para ella, todo acaecer era un hacer y todo hacer la consecuencia de una volicin. El mundo se le apareca como una multitud de agentes y todo acaecer como determinado por un agente (un "sujeto"). El hombre ha proyectado fuera de s sus tres "hechos interiores", aquello en que ms firmemente crea: la voluntad, el espritu y el yo; desarroll del concepto "yo" el concepto "Ser" y concibi las "cosas" a su imagen como algo que "es", de acuerdo con su concepto del yo como causa. No es de extraar, as, que luego haya vuelto a encontrar en las cosas lo que en ellas haba introducido. La cosa, el concepto "cosa", lo repito, no es sino un reflejo de la creencia en el yo como causa... Y aun en su tomo, seores mecanicistas y fsicos, i cunto error, cunta sicologa rudimentaria subsiste an en su tomo! Y no se diga la "cosa en s", el horrendem pudendum de los metafsicos! El error del espritu como causa confundido con la realidad! Y erigido en criterio de la realidad! Y llamado Dios! Masajes Madrid El sentimiento de la culpa (Schuld), de la obligacin personal, para volver a tomar el curso de nuestras investigaciones, ha tenido su origen, como hemos visto, en la ms antigua y originaria relacin personal que existe, en la relacin entre compradores y vendedores, acreedores y deudores: fue aqu donde por vez primera se enfrent la persona a la persona, fue aqu donde por vez primera las personas se midieron entre s. An no se ha encontrado ningn grado de civilizacin tan bajo que no sea posible observar ya en l algo de esa relacin. Fijar precios, tasar valores, imaginar equivalentes, cambiar -- esto preocup de tal manera al ms antiguo pensamiento del hombre, que constituye, en cierto sentido, el pensar: aqu se cultiv la ms antigua especie de perspicacia, aqu se podra sospechar igualmente que estuvo el germen primero del orgullo humano, de su sentimiento de preeminencia respecto a otros animales. Acaso todava nuestra palabra alemana hombre (Mensch, manas) exprese precisamente algo de ese sentimiento de s: el hombre se designaba como el ser que mide valores, que valora y mide, como el animal tasador en s. Compra y venta, junto con todos sus accesorios psicolgicos, son ms antiguos que los mismos comienzos de cualesquiera formas de organizacin social y que cualesquiera asociaciones: el germinante sentimiento de intercambio, contrato, deuda, derecho, obligacin, compensacin fue traspasado, antes bien, desde la forma ms rudimentaria del derecho personal a los ms rudimentarios e iniciales complejos comunitarios (en la relacin de stos con complejos similares), juntamente con el hbito de comparar, de medir, de tasar poder con poder. El ojo estaba ya adaptado a esa perspectiva: y con aquella burda consecuencia lgica que es caracterstica del pensamiento de la humanidad ms antigua, pensamiento que se pone en movimiento con dificultad, pero que luego contina avanzando inexorablemente en la misma direccin, pronto se lleg, mediante una gran generalizacin, al toda cosa tiene su precio; todo puede ser pagado -- el ms antiguo e ingenuo canon moral de la justicia, el comienzo de toda bondad de nimo, de toda equidad, de toda buena voluntad, de toda objetividad en la tierra. La justicia, en este primer nivel, es la buena voluntad, entre hombres de poder aproximadamente igual, de ponerse de acuerdo entre s, de volver a entenderse mediante un compromiso -- y, con relacin a los menos poderosos, de forzar a un compromiso a esos hombres situados por debajo de uno mismo. Madrid putas El capital circulante variable invertido durante la produccin slo puede funcionar de nuevo en el proceso de circulacin siempre y cuando que el producto en que su valor se reproduce se venda, se convierta de capital-mercancas en capital-dinero, para luego volver a invertirse en el pago de fuerza de trabajo. Y otro tanto acontece con el capital circulante constante invertido en la produccin (en los materiales de produccin) y cuyo valor reaparece como parte de valor en el producto. Lo que tienen de comn estas dos partes -la parte constante y la parte variable del capital circulante- y lo que las distingue por igual del capital fijo no es el hecho de que su valor transferido al producto circule a travs del capital-mercancas, es decir, a travs de la circulacin del producto como mercanca. Una parte del valor del producto y, por tanto, del producto que circula como mercanca, del capital-mercancas, proviene siempre del desgaste del capital fijo, o sea, de la parte de valor del capital fijo transferida al, producto en el transcurso de la produccin. La diferencia consiste en que el capital fijo sigue actuando en el proceso de produccin bajo su antigua forma til, durante un ciclo ms largo o ms corto de perodos de rotacin del capital circulante (= capital circulante constante + capital circulante variable), mientras que cada rotacin de por s tiene como condicin la reposicin de todo el capital circulante que pasa -bajo la forma de capital-mercancas- de la rbita de la produccin a la rbita de la circulacin. La primera fase de la circulacin M'-D' es comn al capital circulante constante y al variable. Pero, al llegar a la segunda fase, estas dos formas de capital se separan. Una parte del dinero en que vuelve a convertirse la mercanca se transforma en reserva de produccin (capital circulante constante). Segn los distintos plazos de compra de los elementos que la forman, puede ocurrir que una parte se convierta antes, y otra despus, de dinero en materiales de produccin, pero tarde o temprano toda ella acabar sufriendo esta transformacin. Otra parte del dinero obtenido por la venta de la mercanca seguir existiendo bajo la forma de reserva de dinero, para irse invirtiendo poco a poco en el pago de la fuerza de trabajo incorporada al proceso de produccin. Esta parte forma el capital circulante variable. No obstante, la reposicin de una u otra parte procede ntegramente de la rotacin del capital, de su transformacin en producto, del producto en mercanca y de sta en dinero. He aqu por qu, en el captulo anterior, hemos estudiado de un modo especial y en conjunto -incluyendo el constante y el variable- la rotacin del capital circulante, sin fijarnos en el capital fijo. anibcn El almacenamiento de mercancas slo es normal en cuanto es condicin de la circulacin de mercancas y una forma necesaria dentro de sta misma; en cuanto este aparente estancamiento es, por tanto, forma de la misma circulacin, del mismo modo que la formacin de una reserva de dinero es condicin de la circulacin monetaria. En cambio, cuando las mercancas almacenadas en receptculos circulatorios no dejan sitio a la nueva oleada de la produccin que viene detrs y cuando, por consiguiente, los almacenes se hallen abarrotados hasta el exceso, el almacenamiento de mercancas se extiende a consecuencia del estancamiento de la circulacin, del mismo modo que crecen los tesoros al estancarse la circulacin del dinero. No importa, para estos efectos, que el estancamiento se produzca en los depsitos del capitalista industrial o en los almacenes del comerciante. En este caso, el almacenamiento de mercancas no es condicin de la venta ininterrumpida, sino consecuencia de la imposibilidad de dar salida a las mercancas mediante su venta. Los gastos son los mismos; pero como ahora brotan simplemente de la forma, es decir, de la necesidad de convertir las mercancas en dinero y de la dificultad de operar esta metamorfosis, no se incorporan al valor de la mercanca, sino que representan deducciones, prdidas de valor en la realizacin de sta. Sin embargo, la modalidad normal y la anormal del almacenamiento no se distinguen en cuanto a la forma; ambas representan, adems, estancamientos de la circulacin, y esto hace que ambos fenmenos puedan confundirse y engaar a los mismos agentes de la produccin, tanto ms cuanto que el proceso de circulacin de su capital puede seguir su curso, para el productor, aunque se estanque el proceso de circulacin de sus mercancas, una vez que stas pasan a manos de los comerciantes. Y al aumentar el volumen de la produccin y del consumo aumenta tambin, si las dems circunstancias permanecen invariables, el volumen de las mercancas almacenadas. Estas son renovadas y absorbidas con la misma rapidez, pero su volumen es mayor. El volumen de las mercancas almacenadas, incrementado por el estancamiento de la circulacin, puede, pues, fcilmente confundirse con un sntoma de la ampliacin del proceso de reproduccin, sobre todo a partir del momento en que el desarrollo del sistema de crdito permite mixtificar el movimiento real. Delicas BCNNo le busques tres pies al gato.Basndose en esto, se han distinguido como tres formas caractersticas del movimiento econmico de la produccin social la economa natural, la economa pecuniaria y la economa basada en el crdito. Pero a esta divisin cabe oponer algunos reparos. girlsbcn Ante todo, le llama a uno la atencin, en este pasaje, la idea toscamente emprica de la ganancia, que corresponde a la concepcin usual del capitalista y que se halla en completa contradiccin con la idea esotrica y ms clara de A. Smith. El precio del producto repone el precio tanto de los materiales como de la fuerza de trabajo, pero tambin la parte de valor que los instrumentos de trabajo transfieren al producto por el desgaste. Pero no es de aqu, en modo alguno, de donde sale la ganancia. El hecho de que el valor desembolsado para la produccin de una mercanca se reponga de una vez o gradualmente mediante la venta del producto, slo puede afectar al modo y al tiempo de la reposicin, pero en manera alguna convertir lo que es comn a ambos -la reposicin del valor- en creacin de plusvala. Es la idea vulgar de que la plusvala, porque slo se realice mediante la venta del producto, mediante su circulacin, nace de la circulacin, de la venta. En realidad, el distinto modo de producirse la ganancia slo es aqu una frase falsa a que se recurre para decir que los distintos elementos del capital productivo actan de distinto modo, funcionan de un modo diferente como elementos productivos dentro del proceso de trabajo. La distincin no se hace descansar, en ltimo trmino, en el proceso de trabajo o en el proceso de valorizacin, en la funcin del mismo capital productivo, sino que se refiere solamente a cada capitalista de un modo subjetivo, teniendo en cuenta la distinta utilidad que le presta cada una de las partes de su capital. girlsbcn "El comercio emplea un capital considerable que, considerado a primera vista, no parece formar parte integrante del capital cuyo movimiento hemos descrito en detalle. El valor del pao amontonado en los almacenes del comerciante en paos no parece, a primera vista, que tenga nada que ver con la parte de la produccin anual que el rico entrega como salario al pobre para hacerle trabajar. Sin embargo, este capital no hace ms que reponer el otro, de que hemos hablado. Para esclarecer los progresos de la riqueza, hemos seguido los pasos de este capital desde su creacin hasta su consumo, El capital empleado, por ejemplo, en la fabricacin de paos nos ha parecido que era siempre el mismo; al cambiarse por la renta del consumidor, se divida en dos partes solamente: una que representa ' como ganancia, la renta del fabricante; otra que, como salario, representa la renta de los obreros mientras producen nuevo pao. Acompaantes de lujo Todo objeto til, el hierro, el papel, etc., puede considerarse desde dos puntos de vista: atendiendo a su calidad o a su cantidad. Cada objeto de stos representa un conjunto de las ms diversas propiedades y puede emplearse, por tanto, en los ms diversos aspectos. El descubrimiento de estos diversos aspectos y, por tanto, de las diferentes modalidades de uso de las cosas, constituye un hecho histrico.3 Otro tanto acontece con la invencin de las medidas sociales para expresar la cantidad de los objetos tiles. Unas veces, la diversidad que se advierte en las medidas de las mercancas responde a la diversa naturaleza de los objetos que se trata de medir; otras veces. es fruto de la convencin. http://www.girlsbcn.org Por lo tanto, lo sorprendente, en esta legislacin inglesa de 1867, es, de una parte, la necesidad en que se ve el parlamento de las clases gobernantes de aceptar en principio una serie de medidas tan extraordinarias y tan extensas contra los excesos de la explotacin capitalista; de otra parte, la mediocridad, la repugnancia y la mala fe con que las lleva a la prctica. http://www.girlsmadrid.net Pero, con ser grande el avance experimentado por la industria inglesa durante los ocho aos de 1848 a 1856. bajo el influjo de la jornada de diez horas, este avance fue superado considerablemente durante los seis aos siguientes, desde 1856 hasta 1862. En las fbricas sederas, por ejemplo, funcionaban, en 1856, 1.093,799 husos; en 1862, 1.388,544; en 1856, 9,260 telares; en 1862, 10,709. He aqu, en cambio, la baja experimentada por el censo de obreros: en 1856, trabajaban en estas fbricas 56,131 obreros; en 1862, el nmero de obreros ocupados en ella era de 52,429. Por tanto, mientras el nmero de husos aumenta en un 26.9 por 100 y el de telares en un 15.6 por 100, el censo de obreros disminuye en un 7 por 100. En 1850, funcionaban en las fbricas de Worsted 875,830 husos; en 1856, eran ya 1.324,549 (aumento de 51.2 por 100); en 1862, 1.289,172 (retrocesos del 2.7 por 100). Pero, si descontamos los husos dobles, que figuran en la estadstica de 1856 y se omiten en la de 1862, desde aquella fecha el nmero de husos permanece casi estacionario. En cambio, la velocidad de los husos y los telares llega, en muchos casos, a doblarse, desde 1850. El nmero de telares de vapor empleados en las fbricas Worsted en 1850 era de 32,617; en 1856, es de 38,956, y en 1862, de 43,048. En 1850, estas fbricas daban ocupacin a 79,737 personas, en 1856, a 87,794, y en 1862 a 86,063; pero, hay que tener en cuenta que de ellas eran nios menores de 14 aos, en 1850, 9,956: en 1856, 11,228, y en 1862, 13,178. Por tanto, a pesar de haber aumentado tan considerablemente el nmero de telares, en 1862 la cifra total de obreros empleados en estas fbricas haba disminuido, en relacin con la de 1856, aumentando en cambio el censo de nios explotados.88 chicas compaa Madrid Las inverosmiles adulteraciones del pan, extendidas sobre todo en Londres, fueron descubiertas y proclamadas por primera vez por el Comit "sobre adulteracin de alimentos" nombrado por la Cmara de los Comunes (1850-1856) y por la obra del Dr. Hassal "Adulterations detected".42 Fruto de estas revelaciones fue la ley dictada el 6 de agosto de 1860 "for preventing the adulteration of articles of food and drink" (53) ley perfectamente infructuosa, ya que en ella, como es lgico, se adopta la ms delicada actitud para con todo aquel industrial que se propone "to turri an honest periny"(54) por medio de la compra y venta de artculos adulterados.43 Por su parte, el Comit formul, ms o menos candorosamente, su persuasin de que el comercio libre versaba sustancialmente sobre materias adulteradas o "sofisticadas", como dicen los ingleses, con ingeniosa frase. Es cierto; estos "sofistas" saben ms que Protgoras en eso de convertir lo negro en blanco o viceversa y aventajan a los elatas en el arte de demostrar ad oculos(55) la mera apariencia de todo lo real .44La implantacin de una jornada normal de trabajo es el fruto de una lucha multisecular entre capitalistas y obreros. En la historia de esta lucha se destacan dos fases contrapuestas. Comprese, por ejemplo, la legislacin fabril inglesa de nuestros das con los estatutos del trabajo que rigieron en Inglaterra desde el siglo XIV hasta la mitad del siglo XVIII.83 Mientras que las modernas leyes fabriles acortan obligatoriamente la jornada, estos estatutos tienden, por el contrario, a alargarla. Cierto es que, comparadas con las concesiones que se ve obligado a hacer en su edad adulta, rezongando y a regaadientes, las exigencias del capital en aquella poca se presentan con el carcter de modestia que corresponde a su estado embrionario, de gestacin, en que las condiciones econmicas no gravitan todava con la suficiente fuerza y en que, por tanto, tiene que intervenir el Estado para asegurarle, con su proteccin, el derecho a absorber una cantidad bastante grande de trabajo excedente. Hubieron de pasar siglos hasta que el obrero "libre", al desarrollarse el rgimen capitalista de produccin, se prest voluntariamente, o lo que es lo mismo, se vio obligado por las condiciones sociales a vender su primogenitura por un plato de lentejas, es decir, a vender todo el tiempo activo de su vida y hasta su propia capacidad de trabajo simplemente para poder comer. Por eso es lgico que la prolongacin de la jornada de trabajo, que el capital, desde mediados del siglo XIV hasta fines del siglo XVII, procura imponer por imperio del Estado a los obreros adultos, coincida aproximadamente con el lmite del tiempo de trabajo que en la segunda mitad del siglo XIX traza en algunos pases el Estado a la transformacin de la sangre infantil en capital. As, por ejemplo, lo que hoy se proclama en el Estado de Massachusetts, que era hasta hace poco el Estado ms libre de la Repblica norteamericana, como tasa legal puesta al trabajo de los nios menores de 12 aos, era en Inglaterra, todava a mediados del siglo XVII, la jornada normal de trabajo de los artesanos adultos, los robustos braceros del campo y los atlticos herreros.84 putas espaa La reflexin acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el anlisis cientfico de sta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y arranca, por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histrico. Las formas que convierten a los productos del trabajo en mercancas y que, como es natural, presuponen la circulacin de stas, poseen ya la firmeza de formas naturales de la vida social antes de que los hombres se esfuercen por explicarse, no el carcter histrico de estas formas, que consideran ya algo inmutable, sino su contenido. As se comprende que fuese simplemente el anlisis de los precios de las mercancas lo que llev a los hombres a investigar la determinacin de la magnitud del valor, y la expresin colectiva en dinero de las mercancas lo que les movi a fijar su carcter valorativo. Pero esta forma acabada del mundo de las mercancas -la forma dinero -, lejos de revelar el carcter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas. Si digo que la levita, las botas, etc., se refieren al lienzo como a la materializacin general de trabajo humano abstracto, enseguida salta a la vista lo absurdo de este modo de expresarse. Y sin embargo, cuando los productores de levitas, botas, etc., refieren estas mercancas al lienzo -o al oro y la plata, que para el caso es lo mismo - como equivalente general, refieren sus trabajos privados al trabajo social colectivo bajo la misma forma absurda y disparatada. saunas marbella Fijmonos en Inglaterra. Su economa poltica clsica aparece en un perodo en que an no se ha desarrollado la lucha de clases. Es su ltimo gran representante, Ricardo, quien por fin toma conscientemente como eje de sus investigaciones la contradiccin de los intereses de clase, la contradiccin entre el salario y la ganancia y entre la ganancia y la renta del suelo, aunque viendo simplistamente en esta contradiccin una ley natural de la sociedad. Al llegar aqu, la ciencia burguesa de la economa tropieza con una barrera para ella infranqueable. Todava en vida de Ricardo y enfrentndose con l, la economa burguesa encuentra su crtico en la persona de Sismondi.3 academialloret.com En estas condiciones, se pact una nueva transaccin entre patronos y obreros, transaccin parlamentariamente sancionada por la nueva ley fabril adicional de 5 de agosto de 1850. Esta ley aumenta la jornada de trabajo de "los jvenes y las mujeres" de 10 horas a 10 horas y media durante los cinco primeros das de la semana, reducindola a 7 horas y media los sbados. El trabajo debe ejecutarse en el perodo comprendido entre las 6 de la maana y las 6 de la tarde,137 con descansos de hora y media para las comida, descansos que han de concederse simultneamente y conforme a los preceptos de la ley de 1844, etc. Con esto, se pona coto de una vez para siempre al sistema de los relevos.138 Respecto al trabajo infantil, segua en vigor la ley de 1844. impresin digital El capital va convirtindose, adems, en un rgimen coactivo, que obliga a la clase obrera a ejecutar ms trabajo del que exige el estrecho crculo de sus necesidades elementales. Como productor de laboriosidad ajena, extractor de plusvala y explotador de fuerza de trabajo, el capital sobrepuja en energa, en desenfreno y en eficacia a todos los sistemas de produccin basados directamente en los trabajos forzados, que le precedieron. bares de copas en barcelona Como es lgico, el abaratamiento de una mercanca slo hace bajar proporcionalmente el valor de la fuerza de trabajo, es decir, en la proporcin en que esa mercanca contribuye a reproducir la fuerza de trabajo. Las camisas, por ejemplo, son un medio de vida necesario, pero uno de tantos solamente. Si este artculo se abarata, la nica partida que disminuye en el presupuesto del obrero es la del gasto de camisas. El total de los medios de vida necesarios est formado por diversas mercancas, producto de distintas industrias, y el valor de cada una de estas mercancas no es nunca ms que una parte alcuota del valor de la fuerza de trabajo. Este valor disminuye al disminuir el tiempo de trabajo necesario para su reproduccin, y la disminucin total de ste equivale a la suma de las disminuciones experimentadas por todas aquellas ramas de produccin. Para los efectos de nuestro anlisis, este resultado general es considerado como s fuese resultado inmediato y fin inmediato en cada caso concreto. Cuando, por ejemplo, un determinado capitalista abarata las camisas intensificando la capacidad productiva del trabajo, no es necesario que su intencin sea, ni mucho menos, disminuir proporcionalmente el valor de la fuerza de trabajo y, por tanto, el tiempo de trabajo necesario, pero slo contribuyendo de algn modo a este resultado contribuir a elevar la cuota general de plusvala.3 No hay que confundir las tendencias generales y necesarias del capital con las formas que revisten. Oscus violant hongria Aqu no tratamos de analizar cmo se manifiestan en la dinmica externa de los capitales las leyes inmanentes de la produccin capitalista, cmo se imponen como otras tantas leyes imperativas de la concurrencia y cmo, por tanto, se revelan a la conciencia del capitalista individual como motivos propulsores; pero lo que desde luego puede asegurarse, por ser evidente, es que para analizar cientficamente el fenmeno de la concurrencia hace falta comprender la estructura interna del capital, del mismo modo que para interpretar el movimiento aparente de los astros es indispensable conocer su movimiento real, aunque imperceptible para los sentidos. Por lo que se refiere, sin embargo, a la produccin de la plusvala relativa, y para facilitar su inteligencia, podemos observar, partiendo de los resultados que dejamos establecidos, lo que sigue. http://www.wmailbox.com 6 Slo a partir de 1850, aproximadamente, empieza a fabricarse a mquina en Inglaterra, una parte cada vez mayor de estas herramientas acopladas a las mquinas de trabajo, aunque no por los mismos fabricantes que producen las mquinas. Mquinas destinadas a la fabricacin de herramientas mecnicas de esta especie son, por ejemplo, la automatic bobbin-making engine y la card-setting engine, o sea, las mquinas para fabricar bobinas y husos.Share and enjoy |